domingo, 3 de julio de 2016

30 años de Giros

 “Y será, y será un fuego, un pantallazo, un rayo de luz conmovedor, 
una tormenta, una música infinita…”
Fito Páez, DLG

Ya pasaron poquito más de dos semanas de aquella noche en la que Fito Páez (el flaco de nuevo) ofreció un recital con motivo del 30 aniversario del álbum Giros. Estuvo de locos, ésa es mi conclusión, no solo el recital, sino todo el día, aquel Jueves de Giros.
Sinceramente creí que Páez no iba a traer la gira a México, se me hacía una posibilidad muy remota, tal vez porque pensaba que era algo demasiado “argentino”, pero llegó y fue fantástica. Recuerdo que en Mayo compramos los boletos vía preventa, mis amigas y yo parecíamos unas maniacas y, literalmente, detuvimos nuestras actividades para hacer la compra, la consigna fue “quien tenga los mejores lugares los compra”.

Llegó el Jueves 16 de Junio, por suerte para mi este semestre mis jueves los tengo libres y me di el tiempo de irme temprano a la Ciudad de México, tenía la inquietud de visitar el Museo Nacional de Arte (por enésima vez en el año) para ver la exposición “Donación de la familia Maples Arce Vermeersch” o “Estridentistas en el MUNAL”, y es que con este movimiento tenía algo pendiente, resulta que por esas fechas leía “Los detectives salvajes” de Bolaño, en el que narra las aventuras (o desventuras) de Ulises Lima y Arturo Belano en su búsqueda por Cesárea Tinajero y los estridentistas, libro que, en pocas palabras, me voló la tapa de los sesos, deberían leerlo. Ya me desvié, decía, fui a ver la exposición, además de recorrer las otras salas del museo, es un lugar espectacular.

Terminado el recorrido cultural fui a buscar a mi amiga fitera a su trabajo, ahí en la calle de Hamburgo, quedamos para ir a comer y después de eso irnos al Teatro Metropolitán donde veríamos a otra amiga fitera para irnos a tomar unas birritas antes del recital, y ahí mismo nos encontramos a un absolutero muy querido que no veía desde el recital de Pachuca. Los reencuentros son buenísimos, se prestan para platicar, para reír, para comer, para tomar café, para reírse otra vez, para tomarse fotos, para actualizarse, para tomar birra, para cantar antes del recital, para decir tonterías y reírse de nuevo, para confesar algunas cosas, etc. Tengo que decir que con ellas dos (fiteras) he ido a un montón de conciertos de este flaco, además de que hemos compartido muchas cosas que solo en esas amistades raras puedes encontrar, las adoro. Aquí cito a Roberto Bolaño "En México la gente se conoce en los lugares más inverosímiles." 

Casi quince minutos después de las 20:30hrs Fito Páez salió al escenario del Metropolitán, sonriente, divino y lleno de energía, dio la bienvenida, nos advirtió que el setlist de la noche sería (mayormente) ochentero, y se arrancó tocando Giros, no la canción, el álbum completo, exquisito; fue increíble escuchar temas como “D.L.G.”, “Alguna vez voy a ser libre”, “Tres agujas”, “Instant-taneas”,  “De 1920”, “Dame un talismán”, “Fue amor” y un montón. Para mi fue un Fito diferente, un Fito alocado, un Fito hippie, un Fito ochentero que nos regaló canciones que necesitábamos. El momento más emotivo fue en “Y dale alegría a mi corazón”, ése lo tengo grabado, lo recuerdo y la piel se me enchina, todo el teatro coreándolo, hubo un momento en el que se escuchaba a la gente cantar, en el que el mismo Fito nos veía asombrado por lo que pasaba, en el que el ambiente se sentía como en un sueño, como si todos los problemas del mundo se hubiesen ido, el amor se apoderó de todos, y así cerró la primera parte. El cierre me dejó sin palabras, sonó “El amor después del amor”, “Brillante sobre mic “ y ésa que para mi es un himno a la vida misma, “Mariposa Tecknicolor”, cuando todo parecía terminar de pronto interpretó “Popotitos”.

En resumen, el recital me dejó sin palabras, emocionada, llena de energía, “a full”, no podía quitarme de la cabeza, no he podido, todas las canciones que escuché, ya no es lo mismo escuchar el disco de Giros porque me movió muchas cosas, tanto que aquella noche ya no dormí, el viernes parecía zombie, hay días en los que mis pensamientos se pierden en aquellas canciones, en lo que sentí y en lo que viví. De nuevo, gracias, Rodolfo, por el maravilloso recital, por compartir contigo esta gira que, al menos para mi, fue bastante significativa.

Última nota: para no romper la tradición, después del recital fuimos por unos tacos callejeros, acompañados de una buena charla.

Yola Reyes
03/07/2016




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