lunes, 1 de junio de 2015

Recuento Mayo 2015

13.05 Joaquín Sabina
24.05 Fito Páez
30.05 Ismael Serrano

Y todo empezó cuando anunciaron el recital de Ismael Serrano para el 30 de Mayo, eran los primeros días de Enero -creo- compré el ticket. No tenía planeado otra cosa, otro recital, ni asistir a ningún otro lado para el quinto mes del año, únicamente la presentación del álbum “La llamada” de Ismael Serrano y nada más.

Los meses pasaron un poco rápido entre entrevistas de trabajo, cursos de fotografía y de baile de salón, un taller de autobiografía, el cumpleaños de mi hermana, el concurso para el #VideoMuchacha de Fito, prácticas de fotografía, natación, el mochilazo a San Miguel de Allende, idas y venidas Toluca-DF, el remate de libros en el Auditorio Nacional, escapadas con los amigos, desayunos con los amigos, el Cerati bar, la cafebrería El Péndulo, una ida a la Marquesa y algunos libros leídos. Llegó Mayo con la inquietud de ir a ver a Joaquín Sabina, sabía que estaría los primeros días del mes, que las localidades estaban agotadas, pero afortunadamente abrieron otra fecha y sin pensarlo si quiera compré la entrada de “500 Noches para una crisis”, para el 13 de ese mes; justo por esas fechas también me enteré de la participación de Fito Páez en el Festival Internacional del 5 de Mayo en Puebla, y pues… se trataba de Fito, del flaco, del loco… y de alguna forma tenía que organizarme e ir.

La manera de explicar lo que pasó a partir del 13 de Mayo es algo que aún me cuesta un poco, desde aquel día estoy en el limbo de la realidad y las canciones, de la realidad y la música, de la realidad y mis emociones, de la realidad y esa realidad que solo te pueden crear los recitales.

Era miércoles, me levanté temprano, desayuné, y abordé el autobús para la (hermosa) Ciudad de los Palacios –,si, es de mi lugares favoritos-, tenía el día libre y decidí visitar Chapultepec, hacia años no lo hacía, aproveché para tomar algunas fotografías, fui la exposición “la mirada del siglo XX” de Henrie Cartier-Besson (muy recomendable por cierto, me ayudó a sensibilizarme un poco con respecto a lo qué es realmente la fotografía), comí en casa de la familia para finalmente dirigirme al Auditorio Nacional.

¿Qué puedo decir del recital del genio de Úbeda? sus canciones, sus palabras, su música, sus bromas, su ironía, enorme como siempre. Disfruté y saboreé cada una de las canciones que cantó, esa interpretación tan suya, esa manera tan canalla de decir las cosas… por cierto, casi me vuelvo loca cuando escuché “Conductores suicidas” en voz de Panchito Varona (otro musicazo). De verdad, que me hizo mucho, mucho bien haberlo visto, me trajo a la mente amigos, momentos, ¿amores? y sentimientos, demasiados sentimientos (encontrados y desesncontrados), y sí, hay que agradecerle todo esto a Joaquinito.

Traía a Sabina aún en la cabeza cuando venía regresando de Querétaro, fue un viaje de práctica de fotografía en el que más bien reencontré a un amigo, a un –llamémosle- orientador vocacional y profesional, porque de él he aprendido bastantes cosas acerca de la vida laboral, fue quién me enseñó lo que es realmente ser un profesional. Una gran sorpresa verlo y un gustazo charlar con él.  Pero me perdí, decía que venía regresando de Querétaro, prácticamente iba despertando el Domingo cuando recibí un mensaje que me notificaba lo que temía, el recital de Fito Páez iba a tener acceso controlado (aunque fuera gratuito) con boleto y habría que conseguirlo. Hasta hoy no sé ni cómo le hice, ni qué astros se pusieron a mi favor, ni cuáles dioses intervinieron, ni si la probabilidad estaba de mi lado, pero el Martes de esa semana ya tenía las entradas, no en físico pero sí aseguradas.

El fin de semana llegó más rápido de lo esperado, como ya estaba todo (casi) planeado, el Sábado por la tarde salí de la TAPO hacia la ciudad que alguna vez el Gral. Zaragosa quiso quemar. La tarde estaba lluviosa, con frío y el cielo gris, pero eso no me impidió conocer la ciudad de Puebla de manera literal, en autobús urbano; después de un par de llamadas logré llegar al lugar donde me esperaban los boletos para el recital de Rodolfo (Páez). Una vez que tuve mis entradas en la mano empezó un fin de semana que transcurrió entre cervezas, hamburguesas, amigos, canciones, charlas de rock argentino y cine, bromas y risas, una noche para recordar en la que para rematar pude ver el centro histórico de madrugada sin el ajetreo urbano. Desperté el 24 de mayo, con hambre, desvelada, “desayuné” una cerveza antes de almorzar en pijama en un lugar decente –éramos los únicos chilangos-, pasó el medio día, regresamos al centro con las canciones en el auto a todo volumen, comimos una hamburguesa en Carls Jr. y sin darle importancia a las amenazas de lluvia nos formamos ahí en el Auditorio Metropolitano cuatro horas antes de que diera inicio el recital, y esa espera, ese estar esperando se nos pasó en risas, encuentros con absoluteros (léase fiteros), pláticas y chistes. Finalmente, el momento esperado, y es qué yo estaba ahí pero aún me creía que estaba a cinco… cuatro… tres… dos… un minuto de ver al flaco.

¿Qué impresión tengo de la presentación de Fito Páez? la respuesta es bastante difícil, él es uno de mis favoritos, sus canciones me han pegado en el alma y en la vida, más que ningún otro; un flaco cuyas letras y música traigo tatuadas en el cerebro y en el alma, y que no paso ningún día sin escucharlo. Increíble, maravilloso, enorme, chingón, así describo aquello; entre rock and roll, el  piano y sus improvisaciones canté, brinqué, lloré, grité, estuve en una “Rueda mágica”, le dio alegría a mi corazón, me contagió con su buena estrella y todo para cerrar con una Mariposa tecknicolor, canción que disfruté como nunca antes. Me dejó (otra vez) sobredosis de una energía tremenda… y eso se le agradece bastante a Fito. Esa noche me fui a dormir “con el corazón (y el ama) lleno de rock”.

Podría decir que al otro día regresé a la realidad pero no, ahí no terminó el viaje, porque estando en Puebla tenía que ir por una cemita… y fue cuando empezamos con el desmadre otra vez, que por cierto no se acabó hasta que me quedé dormida en el autobús de regreso a casa.

La semana se me fue entre el curso de fotografía, el de baile de salón, una ida al DF, preparar un trabajo para la escuela online (creo que no mencioné que estoy inscrita en una universidad en línea) y algunas compras, todo esto acompañado del disco “La llamada”… debo confesar que traía una crisis tremenda porque estaba entre las canciones de Sabina y Fito y las de Ismael Serrano, terminé escuchando a los tres esa semana. Y si, cuando me di cuenta ya era 30 de Mayo, el día para acudir a la llamada.

¿Y qué tal Ismael Serrano? un tipazo. Su discurso me atrapa, me enamora… sus canciones me regresan a la realidad disidente, a esa donde sabemos que el amor y la lucha tienen que estar unidos para lograr algo; letras y palabras que se vuelven una forma de ver la vida. Ese detalle de cantar e ilustrar las canciones fue genial, ese detalle de “actuar” algunas canciones fue fantástico, el escucharlo cantando de nuevo “Papá cuéntame otra vez” no tiene precio, escuchar “Cien días” y “Amores imposibles” en vivo me enchinó la piel. Me dejó una sensación de tranquilidad, un destello de felicidad, me rescató de mi naufragio y lo más importante me hizo no olvidarme de mi alegría. Gracias, Ismael, por convocarnos con esta “Llamada”, como lo hacen sonidos de aquellos carnavales uruguayos.

Después de todo esto que escribí puedo asegurar que Mayo 2015 fue un mes maravilloso, un mes que valió la pena, un mes que ya se quedó marcado como uno de los mejores, un mes que más vale no olvidar.

Yola Reyes 
01/06/15