miércoles, 11 de noviembre de 2015

Retrospectiva. Teatro Metropolitan.

“llevo la voz cantante
llevo la luz del tren
llevo un destino errante
llevo tus marcas en mi piel
y hoy sólo te vuelvo a ver...”

Fito Páez, Mariposa Tecknicolor
Hace casi ocho años la música de Fito Páez me atrapó tras escucharlo en un disco que hizo a dueto con Sabina, Enemigos Íntimos, éste se encuentra entre mis álbumes favoritos; desde entonces he seguido con más atención la trayectoria del flaco (Páez), y fue hasta Abril de 2014 que tuve la oportunidad de escucharlo en vivo por primera vez en El Plaza Condesa y quedé fascinada; bien dicen que para que te guste un artista tienes que verlo en vivo y comprobar que tanto te hace sentir y en mi caso, ver a Fito en vivo es increíble. De aquella fecha hasta el día de hoy he asistido a cuatro recitales de este hombre, todos y cada uno los he disfrutado tema por tema, sin embargo este último que tuvo lugar en el teatro Metropolitan el séptimo día del mes de noviembre ha sido uno de los más especiales para mi.

Todo comenzó con el anuncio de las fechas de la gira Retrospectiva en México, siguió con la compra anticipada de los tickets y, por último, la espera del día del recital, hasta ahí todo fluía de manera normal, no había mayor problema salvo el de contar los días, y así fue hasta que un par de días antes recibí una llamada telefónica que me cambió “los planes” en cierta forma, una amiga (absolutera*) me informó que en la página de LAN Airlines había un concurso que consistía en vestirse como Fito Páez, obtener “likes” para ganar un pase del backstage del recital, yo que generalmente no suelo participar en esos concursos sin pensarlo me animé a enviar mi foto; ese día regresaba a Toluca después de haber visitado a una amiga (absolutera* también) por su cumpleaños, además tenía el tiempo contado, debía llegar a casa, comer e irme a impartir mis asesorías en la Plaza Comunitaria.
En cuanto estuve en casa y después de comer, busqué en “modo express” una foto que hacia algún tiempo había hecho por pura “puntada” en la que imito una pose del rosarino, hice la imagen comparativa correspondiente y la subí a la página de la aerolínea, de ahí me fui a trabajar dejando en manos de Facebook todo el trabajo. Solo recuerdo que pedí “likes” a personas que ni imaginé, que me ayudaron amigos de amigos y muchos conocidos míos y no míos, absoluteros, familiares, alumnos, ex alumnos y un montón de gente, que gracias a ellos antes de las 23:59 (hora límite) ya se había logrado la meta. Como en todo concurso el CM de la aerolínea me contactó y me dio las indicaciones correspondientes para recoger la entrada y el pase backstage. Le di la noticia a medio mundo, no podía creer que había ganado; solo había un problema, mi boleto (el comprado originalmente en preventa) había quedado “vacante”, por suerte un buen amigo se ofreció a ocuparlo para no desperdiciarlo.


La noche del viernes al sábado no pude dormir, por mi cabeza pasaban un montón de cosas, desde dudas que iban desde cómo nos entregarían los pases, cómo sería el backstage hasta el miedo de haber caído en un fraude o de que todo se me saliera de las manos, a eso habría que agregarle que estaba infinitamente emocionada por el recital. La mañana del sábado traté de calmar mis ansias, hice mis actividades lo más normal que pude pero con una sonrisa en el rostro que ni el estrés de la aplicación de exámenes me borró, incluso mi profesor de fotografía me dijo ”ya vete para que llegues a tiempo a lo de tu Fito Páez” unos treinta minutos antes de que terminara la clase; llegué a la parada del autobús que va para la Ciudad de México con los nervios a full y con temor de que el tráfico de la carretera retrasara mis planes, afortunadamente nada de esto pasó, me sorprendí de que el autobús hiciera el tiempo estándar y que hasta el metro no presentara problema alguno; todo el viaje transcurrió en una muy amena charla sobre música e inquietudes personales. Estaba más nerviosa, o tan nerviosa, como el día de mi titulación pues no pude comer casi nada. Dieron las 17:30hrs y ya estaba afuera del teatro esperando al personal de la aerolínea para que me dieran mi entrada y mi pase, escuché el soundcheck desde la banqueta (la ventaja de ser un foro chico) casi una hora después llegaron amigos y absoluteros queridos. Dio la hora de ir a reclamar la entradas, fue algo demasiado gracioso, nos trajeron “del tingo al tango” cerca de una hora hasta que alguien dijo “las están entregando en la taquilla”, entonces un nutrido grupo de unas 10 personas llegamos a la ventanilla y entre gritos de nervios y risas de emoción recibimos nuestros pases correspondientes, entramos al Metropolitan después de comprar las remeras alusivas a Fito Páez y esperamos indicaciones.

“Te veré en la puerta que está de lado izquierdo del escenario después del tercer tema” fueron las palabras del chico que me entregó la pulsera para el backstage, la verdad es que estaba tan nerviosa que estuve a punto de activar la alarma del celular. El recital, un poco después de las 20hrs, dio inicio con “Cadáver exquisito” por lo cual estaré eternamente agradecida con Fito, es uno de los temas que esperaba escuchar en vivo desde hace ya algún tiempo, y fue algo fantástico que no sé ni cómo explicarlo, es de esas canciones que se te quedan en el alma, continuó con “Yo te amo” y justo cuando terminó me dirigí a la puerta de lado izquierdo del escenario, tan nerviosa estaba que decidí salirme cuando terminó el segundo tema, y valió la pena, el chico del backstage estaba ahí esperando, me indicó que guardara silencio y cruzamos un pasillo mientras iniciaba “Giros”, llegamos a las bambalinas… ¿qué que sentí? un montón de cosas, emoción, nervios, ganas de gritar y cantar, de echarme a correr al escenario donde estaba Fito a escasos cuatro o cinco metros de mí, pero no hice nada de eso, me quede observando todo, es una experiencia que guardaré como “pensamiento central”, el simple hecho de estar ahí viendo a los músicos, a Páez y al público es algo que nunca olvidaré, recuerdo que no dejaba de sonreír y hasta temblaba de las manos, no hubo oportunidad de tomar fotos, pero “lo bailado nadie me lo quita”, literalmente me subí a “La Rueda Mágica”, tema que justo cuando terminó regresé a mi correspondiente lugar. 
El resto del recital fue algo grandioso, cantó “Bello Abril” otro tema que añoraba escuchar en vivo, “Yo vengo a ofrecer mi corazón” junto con Fabiana Cantilo, algo único, también “Hermanos” un tema que a pesar de que tiene poco tiempo se ha convertido en uno de mis favoritos, me aloqué con “Naturaleza Sangre” y “A rodar mi vida”, "Circo Beat", “Ciudad de pobres corazones” y sentí en las entrañas “Tumbas de la gloria”, cantó “Gente sin swing” y “Dar es dar” que entran en mis favoritos, cerró, como en cada recital, con “Mariposa Tecknicolor” que no me cansaré de escucharla en vivo porque esa canción tiene algo que me deja mucha felicidad. Resumiendo, fue otro recital que me dejó muchas cosas, experiencias que jamás imaginé, un montón de emociones reordenadas y otras no tanto, sentimientos reencontrados, sensaciones que llevaré por el resto de mi vida y hermosos recuerdos, porque cada uno de los temas son parte de la banda sonora de mi vida y me han marcado en el alma y el corazón,  y eso, Rodolfo Páez, te lo agradeceré siempre.

De nuevo, mil gracias, Rodolfo, por compartir tus canciones, por dejarme con una sobredosis de felicidad y por tu buena estrella.

Yola Reyes
11/11/15

lunes, 1 de junio de 2015

Recuento Mayo 2015

13.05 Joaquín Sabina
24.05 Fito Páez
30.05 Ismael Serrano

Y todo empezó cuando anunciaron el recital de Ismael Serrano para el 30 de Mayo, eran los primeros días de Enero -creo- compré el ticket. No tenía planeado otra cosa, otro recital, ni asistir a ningún otro lado para el quinto mes del año, únicamente la presentación del álbum “La llamada” de Ismael Serrano y nada más.

Los meses pasaron un poco rápido entre entrevistas de trabajo, cursos de fotografía y de baile de salón, un taller de autobiografía, el cumpleaños de mi hermana, el concurso para el #VideoMuchacha de Fito, prácticas de fotografía, natación, el mochilazo a San Miguel de Allende, idas y venidas Toluca-DF, el remate de libros en el Auditorio Nacional, escapadas con los amigos, desayunos con los amigos, el Cerati bar, la cafebrería El Péndulo, una ida a la Marquesa y algunos libros leídos. Llegó Mayo con la inquietud de ir a ver a Joaquín Sabina, sabía que estaría los primeros días del mes, que las localidades estaban agotadas, pero afortunadamente abrieron otra fecha y sin pensarlo si quiera compré la entrada de “500 Noches para una crisis”, para el 13 de ese mes; justo por esas fechas también me enteré de la participación de Fito Páez en el Festival Internacional del 5 de Mayo en Puebla, y pues… se trataba de Fito, del flaco, del loco… y de alguna forma tenía que organizarme e ir.

La manera de explicar lo que pasó a partir del 13 de Mayo es algo que aún me cuesta un poco, desde aquel día estoy en el limbo de la realidad y las canciones, de la realidad y la música, de la realidad y mis emociones, de la realidad y esa realidad que solo te pueden crear los recitales.

Era miércoles, me levanté temprano, desayuné, y abordé el autobús para la (hermosa) Ciudad de los Palacios –,si, es de mi lugares favoritos-, tenía el día libre y decidí visitar Chapultepec, hacia años no lo hacía, aproveché para tomar algunas fotografías, fui la exposición “la mirada del siglo XX” de Henrie Cartier-Besson (muy recomendable por cierto, me ayudó a sensibilizarme un poco con respecto a lo qué es realmente la fotografía), comí en casa de la familia para finalmente dirigirme al Auditorio Nacional.

¿Qué puedo decir del recital del genio de Úbeda? sus canciones, sus palabras, su música, sus bromas, su ironía, enorme como siempre. Disfruté y saboreé cada una de las canciones que cantó, esa interpretación tan suya, esa manera tan canalla de decir las cosas… por cierto, casi me vuelvo loca cuando escuché “Conductores suicidas” en voz de Panchito Varona (otro musicazo). De verdad, que me hizo mucho, mucho bien haberlo visto, me trajo a la mente amigos, momentos, ¿amores? y sentimientos, demasiados sentimientos (encontrados y desesncontrados), y sí, hay que agradecerle todo esto a Joaquinito.

Traía a Sabina aún en la cabeza cuando venía regresando de Querétaro, fue un viaje de práctica de fotografía en el que más bien reencontré a un amigo, a un –llamémosle- orientador vocacional y profesional, porque de él he aprendido bastantes cosas acerca de la vida laboral, fue quién me enseñó lo que es realmente ser un profesional. Una gran sorpresa verlo y un gustazo charlar con él.  Pero me perdí, decía que venía regresando de Querétaro, prácticamente iba despertando el Domingo cuando recibí un mensaje que me notificaba lo que temía, el recital de Fito Páez iba a tener acceso controlado (aunque fuera gratuito) con boleto y habría que conseguirlo. Hasta hoy no sé ni cómo le hice, ni qué astros se pusieron a mi favor, ni cuáles dioses intervinieron, ni si la probabilidad estaba de mi lado, pero el Martes de esa semana ya tenía las entradas, no en físico pero sí aseguradas.

El fin de semana llegó más rápido de lo esperado, como ya estaba todo (casi) planeado, el Sábado por la tarde salí de la TAPO hacia la ciudad que alguna vez el Gral. Zaragosa quiso quemar. La tarde estaba lluviosa, con frío y el cielo gris, pero eso no me impidió conocer la ciudad de Puebla de manera literal, en autobús urbano; después de un par de llamadas logré llegar al lugar donde me esperaban los boletos para el recital de Rodolfo (Páez). Una vez que tuve mis entradas en la mano empezó un fin de semana que transcurrió entre cervezas, hamburguesas, amigos, canciones, charlas de rock argentino y cine, bromas y risas, una noche para recordar en la que para rematar pude ver el centro histórico de madrugada sin el ajetreo urbano. Desperté el 24 de mayo, con hambre, desvelada, “desayuné” una cerveza antes de almorzar en pijama en un lugar decente –éramos los únicos chilangos-, pasó el medio día, regresamos al centro con las canciones en el auto a todo volumen, comimos una hamburguesa en Carls Jr. y sin darle importancia a las amenazas de lluvia nos formamos ahí en el Auditorio Metropolitano cuatro horas antes de que diera inicio el recital, y esa espera, ese estar esperando se nos pasó en risas, encuentros con absoluteros (léase fiteros), pláticas y chistes. Finalmente, el momento esperado, y es qué yo estaba ahí pero aún me creía que estaba a cinco… cuatro… tres… dos… un minuto de ver al flaco.

¿Qué impresión tengo de la presentación de Fito Páez? la respuesta es bastante difícil, él es uno de mis favoritos, sus canciones me han pegado en el alma y en la vida, más que ningún otro; un flaco cuyas letras y música traigo tatuadas en el cerebro y en el alma, y que no paso ningún día sin escucharlo. Increíble, maravilloso, enorme, chingón, así describo aquello; entre rock and roll, el  piano y sus improvisaciones canté, brinqué, lloré, grité, estuve en una “Rueda mágica”, le dio alegría a mi corazón, me contagió con su buena estrella y todo para cerrar con una Mariposa tecknicolor, canción que disfruté como nunca antes. Me dejó (otra vez) sobredosis de una energía tremenda… y eso se le agradece bastante a Fito. Esa noche me fui a dormir “con el corazón (y el ama) lleno de rock”.

Podría decir que al otro día regresé a la realidad pero no, ahí no terminó el viaje, porque estando en Puebla tenía que ir por una cemita… y fue cuando empezamos con el desmadre otra vez, que por cierto no se acabó hasta que me quedé dormida en el autobús de regreso a casa.

La semana se me fue entre el curso de fotografía, el de baile de salón, una ida al DF, preparar un trabajo para la escuela online (creo que no mencioné que estoy inscrita en una universidad en línea) y algunas compras, todo esto acompañado del disco “La llamada”… debo confesar que traía una crisis tremenda porque estaba entre las canciones de Sabina y Fito y las de Ismael Serrano, terminé escuchando a los tres esa semana. Y si, cuando me di cuenta ya era 30 de Mayo, el día para acudir a la llamada.

¿Y qué tal Ismael Serrano? un tipazo. Su discurso me atrapa, me enamora… sus canciones me regresan a la realidad disidente, a esa donde sabemos que el amor y la lucha tienen que estar unidos para lograr algo; letras y palabras que se vuelven una forma de ver la vida. Ese detalle de cantar e ilustrar las canciones fue genial, ese detalle de “actuar” algunas canciones fue fantástico, el escucharlo cantando de nuevo “Papá cuéntame otra vez” no tiene precio, escuchar “Cien días” y “Amores imposibles” en vivo me enchinó la piel. Me dejó una sensación de tranquilidad, un destello de felicidad, me rescató de mi naufragio y lo más importante me hizo no olvidarme de mi alegría. Gracias, Ismael, por convocarnos con esta “Llamada”, como lo hacen sonidos de aquellos carnavales uruguayos.

Después de todo esto que escribí puedo asegurar que Mayo 2015 fue un mes maravilloso, un mes que valió la pena, un mes que ya se quedó marcado como uno de los mejores, un mes que más vale no olvidar.

Yola Reyes 
01/06/15