miércoles, 15 de octubre de 2014

Días de sonrisas, Fito y flores

Buena estrella para todos, para vos.


Recién tenía días de haber entrado en las listas del paro laboral (desempleo que le dicen) y mi estado anímico no era el mejor. Fue una de esas mini-etapas en las que escuchar música se transforma en un escape tremendo, y un camino para seguir y no perderse en la depresión, y sí, adivinaron, escuché -casi todo el tiempo- canciones del rosarino Fito Páez; agregaré también que eran vísperas del recital que daría -el antes mencionado- en el Auditorio Nacional, y esto, se ayudo un poco más.
  
A lo largo de esos días pasaron cosas que no quiero llamarlas extrañas, pero que se me quedaron fuera de la clasificación de lo “común”; y es que -bendito internet- conocí a un grupito de personas, autollamados Absoluteros*, que vinieron a contagiarme risas, alegrías y emociones desde los primeros mensajes en whatsapp hasta las despedidas después del recital de Rodolfo Páez –y hasta el día de hoy-. Cabe mencionar que en Abril, el último recital de Fito en México me dejó a dos enormes personas -a quienes conocí en El Plaza- fiteras, locas y excelentes amigas. También existe un “maigo”-minihermano- radicado en tierras tapatías, otro loco fitero, amigo y confidente desde hace años.
 
Regreso al tema de Páez, me perdí; decía que esa víspera fue maravillosa, transcurrida en situaciones que jamás imaginé que pasaran; la primera, tener el honor y gusto de conocer al flaco Páez, un tipo enorme, a quién –sigo traumada- no pude decirle todo lo que había pensado pero lo escuché, lo abracé, me besó la mejilla, le di la mano, vi sus rulos y lo vi reír–su sonrisa y su sencillez me encantan-, ese mismo día en un café de (mi) la Ciudad de México hablé de amor, desamor, música y un montón de temas con maravillosas personas.

Días más, días menos… llegó el 8 de Octubre, pasaron muchas cosas antes del recital: caminar sin rumbo por Paseo de la Reforma -o De la Emperatriz-, encontrar a Fito Páez de nuevo, comer quesadillas, buscar un lugar donde recargar la batería de los teléfonos, hacer una cartulina que terminó en manos de Fito, organizar una comitiva para ir a buscar playeras, esconder mi mochila, buscarnos y organizarnos para la foto absolutera, correr para resguardarse de la lluvia y volvernos a tomar fotos.

Por fin, y puntual, empezó a tocar el flaco, claro que no me lo iba a perder; fue uno de los mejores recitales a los que he asistido y de los que más he disfrutado. Prácticamente estuve de pie las dos horas que duró, brinqué, grité, lloré, canté, bailé y –literalmente- me aloqué cuando cantó “Loco”. En resumen: fue una sobredosis de Fito Páez, una inyección de energía y un punto ciego –de mi vida- en el que no me alcanzaron las tristezas.

Rodolfo Páez, gracias por las canciones  y los recitales, y porque -sin que lo sepas- viniste a dejarme amigos increíbles.

Y… Gracias amigos fiteros, son entrañables.

*absoluteros: gentilicio dado a todo aquel que pertenece a “Absolut Páez”



viernes, 4 de abril de 2014

Demoledor y punto



“Demoledor es la palabra correcta” leí en uno de tantos comentarios que se hicieron alrededor de la presentación del compositor argentino Fito Páez en el Plaza Condesa el primer día de Abril del 2014, y así fue: de-mo-le-dor. Desde “Yo te amo” hasta el magnífico cierre con “El Diablo de tu Corazón”.

Personalmente ésta fue una de las presentaciones que más esperaba, ya que por una u otra cosa años anteriores no tuve la oportunidad de ver a Fito en vivo. Había abandonado la esperanza de verlo en el Vive Latino XV por diversas situaciones que se me presentaron. Eran los primeros días de Marzo cuando leí en algún periódico que Fito abriría una fecha en el Plaza Condesa, debo decir que me emocioné bastante, confirmé que fuera cierto el rumor y compré los boletos. ¡Qué importaba si era en Martes!

Una vez que tuve los boletos en mi poder lo único que me quedaba era esperar el gran día que llegó más rápido de lo que estimé. La rutina fue la misma de todos los días, incluso la salida del trabajo fue a la misma hora pero en una dirección diferente, no tomé el autobús acostumbrado para regresar a casa sino el que me llevaría al metro Sevilla y de ahí habría que ir al Plaza Condesa.
 
En el lugar que estaba abarrotado, literalmente, se sentía una euforia tremenda, faltaban pocos minutos para la hora del inicio y los coros, porras y rechiflas se dejaban escuchar. Casi diez minutos después de la hora acordada se escucharon los primeros acordes de su más reciente sencillo “Yo te amo” con el que prendió a todos, nos puso a bailar, a cantar, a brincar y a gritar.

La primera parte fue espectacular: “11 y 6”, “El chico de la tapa”, “Naturaleza sangre”, “Tumbas de la Gloria”, todas hicieron que el lugar se cimbrara. Después de “La canción del soldado y Rosita Pazos”, Fito literalmente nos alocó con “Circo Beat”, “Al lado del camino”, “Polaroid de locura ordinaria”, “Ciudad de pobres corazones” y por supuesto “A rodar mi vida”. El cierre fue como cité al iniciar este texto DEMOLEDOR, así de simple, con cuatro enormes canciones “Dar es dar”, “El amor después del amor”, “Mariposa Tecknicolor” y (una de mis favoritas) “El diablo de tu corazón”. Escuchar todo esto en vivo fue más que una inyección bastante efectiva de energía positiva, pues prácticamente fue una dosis de buena música para el alma.
 
Gracias, Rodolfo Páez, fue fantástico escucharte en vivo, eres enorme. Se te agradece esa dosis de locura que nos diste la noche del primer día de Abril a cientos de almas.


¡Carajo, pero qué bello Abril!

Yola Reyes
04-04-2014

lunes, 3 de febrero de 2014

Huérfanos y luciérnagas


Hace poco menos de dos semanas leí de un tirón “La tumba de las luciérnagas” de Akiyuki Nosaka, libro en el está basada la maravillosa película del mismo nombre dirigida por Isao Takahata. Una historia terriblemente “bella” sobre los últimos días de dos hermanos víctimas inmediatas de la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945).

El relato inicia con la muerte de Seita en la estación de trenes, días después de que Japón se rindió. Un chico de alrededor de 15 años, escolar de la preparatoria e hijo de un marino japonés (del que lo único que sabemos es que fue al frente de la batalla) es expulsado de su vida cotidiana -junto con otros miles de personas- justo cuando su ciudad (Kôbe) queda destruida por los ataques de los bombarderos B-29 de los Estados Unidos, confiando en que su madre está a salvo en el refugio, él huye con su hermanita Setsuko a una cueva para protegerse del bombardeo, más tarde tenía planeado encontrarse con ella pero no fue posible, el refugio donde se resguardaba su madre quedó totalmente destruido, y ella junto con las personas que allí se encontraban resulta gravemente herida y días más tarde pierde la vida dejando a ambos niños huérfanos y con la incertidumbre de no saber qué será más delante de sus vidas -la guerra prácticamente les arrebató todo lo que tenían-. El par de niños es "adoptado" por parientes lejanos -primos de su padre- quienes en un principio tratan de adaptarse a ellos, pero a lo largo de los días las cosas empiezan a complicarse, la escasez de comida y otros recursos básicos fue llevando a la familia -y a Seita- a la desesperación hasta el punto en la separación se hace inminente a pesar de los tiempos que se estaban viviendo. Sin dinero ni comida ni un lugar donde vivir se refugian en una desolada cueva donde lo único que los ilumina son las luciérnagas dándoles un poco de paz, quizá parezca algo infantil, pero si lo es, después de todo eran niños.

El libro deja un mensaje crudo sobre lo que es realmente la guerra, las consecuencias que trae a las familias, especialmente a los niños como este par de hermanos que terminaron refugiados en una cueva y con enfermedades propias de la desnutrición.


En mi opinión es una historia (tanto el libro como la película) que llega a lo más profundo del corazón y deja sentimientos de desesperanza a flor de piel, pero también muestra un amor fraternal y una lucha por sobrevivir a costa de todo, sacrificando lo que se tiene e inventándose nuevas formas para sobre llevar la desgracia.

Yola Reyes
03-Feb-2013