martes, 22 de octubre de 2013

Las materias reprobadas de Xavier.


“Para valer la pena, una vida debe ser digna de contarse, me digo cada vez que me va mal, 
porque ya sé que los destinos torcidos se parecen a la rueda de la fortuna. 
No importa qué tan arriba o abajo estés, de todos modos vas a dar la vuelta.” 
Xavier VelascoLa edad de la punzada


Bien podría empezar diciendo que era una tarde soleada con el cielo despejado sin signos de que fuera a empeorar pero fue todo lo contrario, al salir de Toluca en la carretera, a la altura de la marquesa ya se alcanzaban a ver las primeras nubes que anuncian las lluvias poco inusuales en estas fechas. La proeza para llegar a la Ciudad de los Palacios es la misma de todos los días, la rutinaria que ya se ha vuelto para mi, así que cuando me di cuenta estábamos cerca de Av. Constituyentes y a punto de incorporarnos a Av. Chapultepec. El tráfico era el de siempre, autos metiéndose en todas direcciones, estacionados en doble fila, descompuestos, atorados en los infinitos baches o tratando de dar vuelta en una calle cuyo sentido les es indiferente; sabía que esto no era motivo de preocupación y sin mayor prisa llegué hasta la calle Bolívar y me adentré al centro histórico de la honorable Ciudad de México, el objetivo: llegar a la FIL con el tiempo sobrado para dar una vuelta y escuchar la presentación del libro “Diablo Guardián” de Xavier Velasco.

Sin más, llegué al zócalo semi-devuelto a la ciudadanía, recorrí la FIL chachareando entre libros, separadores, revistas y cuanta madre que uno encuentra, esperaba que diera la hora para la conferencia esperada. Entre que llovía y no llovía, entre que la gente llegaba, entre que encontraba lugar, terminé a unos metros del escenario –sentada en el piso- esperando –junto con todos los presentes- a Xavier.

Minutos después de la hora programada en el foro se alcanzaron a ver un par de perros enormes y unos pantalones color azul, era el buen Xavier, con esa sonrisa de desmadre que lo distingue. Fue, a decir verdad, una charla bastante amena en la que nos compartió experiencias de cómo logró que nos adueñáramos de Violeta y de los demonios con los que luchó. Un tipo, a mi parecer, que no ha perdido la sencillez y la espontaneidad. En pocas palabras un novelista que es obligado leer para entender como la rebeldía y la libertad pueden llegar a ser irónicas y bastante complicadas. Resumiendo, me quedaron ganas de engancharme con éste autor, pues reconozco que solo he leído algunas pocas columnas de él y un par de libros.

No quiero seguir este texto diciendo que me formé casi dos horas para intercambiar algunas palabras y risas con Xavier pues al comentarle que el libro de “La edad de la punzada” me había dejado severos traumas y angustias, él empezó a reír, firmó el libro dedicándome todas las materias reprobadas –por suerte terminé la escuela hace algunos años- lo cuál agradezco infinitamente pues es un detalle que no todos tienen. Esas materias reprobadas servirán como un pretexto para no reprobar las lecturas a sus otras novelas y no dejarse abordar por el miedo y saltar -como Violeta- a ese mundo que nos cuenta Xavier a través de sus palabras.


Y para terminar, este texto fue escrito con el afán de contar una experiencia personal, y punto.

Yola Reyes (22-Oct-2013)

sábado, 25 de mayo de 2013

Viaje laboral

Un texto algo ácido.
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El texto fue una válvula de escape para dejar atrás los tragos amargos de un viaje laboral, no voy a negar que me divertí y que -supongo yo- aprendí cosas tanto laborales como personales, que son oportunidades únicas que hay que aprovechar. Personalmente éste viaje -el primero de éste tipo para mi- me sirvió mucho para conocerme, salir de la rutina y ver hasta dónde soy capaz de llegar como profesionista y persona. Me faltan muchos así, me faltan más experiencias de éstas que vendrán con el tiempo. Dejo éste texto como una parte de mi que no se supo adaptar al cambio pero trató de sobrellevarlo.
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La alarma del despertador te hizo abrir los ojos casi de inmediato, sabes perfectamente que no estás en casa pues el techo que diario acostumbras ves es ahora un cielo raso con una hélice que tiene en el centro un foco y de la cual cuelgan dos cadenas delgadas. Bostezas, con nostalgia cuentas los días que faltan para volver a casa, algo adormilado te incorporas en la orilla de la cama, enciendes la lámpara que descansa en la mesita de madera que está junto a la cama y consultas la hora en el celular. –Maldición.-exclamas, ya pasaron diez minutos y no has podido ir a la ducha que está a unos cuantos pasos, ni siquiera hay que salir de la habitación, la única ventaja de los hoteles. Calzas las sandalias, te das una ducha, lo único que se escucha es el silencio que viene de los pasillos del hotel, a estas horas de la mañana la mayoría duermen.
Enciendes el aire acondicionado, el calor es insoportable, las gotitas de sudor empiezan a agolparse en tu frente. Sabes perfectamente que tienes que bajar a desayunar. Sales con calma, aún hay tiempo, el chofer de la compañía pasará por ti en unos cuarenta minutos y no tienes prisa por dejar ordenada la habitación, otra ventaja de los hoteles.
Sales del elevador, el clima en el comedor del hotel es frio, alguien tuvo la brillante idea de encender el aire acondicionado; te encuentras con extranjeros y otros mexicanos que como tú están viajando por negocios más que por diversión propia. Tomas un plato, te sirves del menú –del que te hartarás al tercer día- y un poco de leche, el café sabe espantoso. Medio desayunas, todo sabe a guardado, a alimentos congelados y además el estómago está lleno de nervios. Te armas de valor y ves la hora, cinco minutos para salir del hotel e irse a la refinería.
La camioneta te está esperando en el estacionamiento de visitantes, subes, saludas al chofer amablemente, y arranca, se adentra en la carretera, observas el paisaje, aún es temprano y el sol sigue escondido, las nubes cubren los cerros y no hay muchos autos en la carretera. Quieres tomar alguna foto pero el sueño te vence, apenas puedes tener los ojos abiertos, bostezas, tomas agua, tienes que despertar antes de llegar.
Entras y todo es diferente, ahí no hay muchas personas que conozcas, en la puerta te esperan los residentes y algunos compañeros con los que has intercambiado palabras laborales por teléfono pero jamás los habías visto.
Saludas, te presentas, te presentan, te explican el modo de trabajar, lo qué hay que hacer, te llevan a conocer la planta; el calor empieza a hacerse insoportable, es medio día y no hay sombra donde esconderse. El estómago ahora exige comida, la cabeza empieza a dolerte. Suena el teléfono, es un mensaje, uno de tus amigos está perdido de noticias y te pide que lo veas está tarde, le respondes que no estás en la ciudad.
Las pláticas a la hora de la comida con los residentes de la obra no van más allá de quejas laborales, uno que otro chiste y planes a futuro de la empresa; tú quieres cambiar el tema pero no hay quién te de pie a hacerlo, prefieres guardar silencio y sonreír, consultas la hora. Menos de tres horas y regresas al hotel, por lo menos ahí puedes descansar.
Con los pies adoloridos por las botas de trabajo y el cansancio en el cuerpo llegas al hotel, lo primero que haces es aventar los zapatos de seguridad, y caminar descalzo, quitarte el overol y ponerte la pijama. Te tumbas a la cama, el aire acondicionado frio a todo lo que da, lees, ves el reloj, consultas el correo, lees, hablas por teléfono y esperas a que venga el sueño. Un día menos para regresar a casa.

Yola Reyes

lunes, 7 de enero de 2013

Desempleo, currículum y desesperaciones


Empiezo a escribir esto semanas después de quedar desempleada de dicha empresa que no diré nombre y las causas son menos importantes, pero son las mismas con las que se excusan la mayoría de las empresas “cumples el perfil pero…” y podemos agregar cualquier tipo de adjetivo que por mínimo que sea es un trampolín para no gustarle al jefe o al seleccionador.

Siempre me he preguntado cuál es perfil qué buscan aquellos que están en el área de Recursos Humanos y Capacitación, el perfil exacto, en las entrevistas a las que he ido (o tenido oportunidad de ir) buscan alguien con el perfil para el puesto y preguntan cuáles son las metas, cuáles son sus sueños, cuáles son sus distracciones, qué hace en su tiempo libre, qué tiene como interés social, qué ha hecho a lo largo de su vida y qué esperas de la empresa; como cualquiera que va a una entrevista de trabajo respondes de una manera que te parece coherente, se intenta expresar la respuesta más humanamente posible. Y entonces la incertidumbre, la desesperación de no saber si te llamaran o te quedarás esperando, de no saber si fuiste buen candidato o hubo alguien mejor (o peor) para ése lugar, tantas preguntas vienen a la cabeza y la mayoría no vienen con respuesta incluida. Incluso hay dudas sobre si éste es tu verdadero camino profesional.

Hace un par de semanas vi una película que llamó mi atención (El hombre que corría tras el viento), en especial un pequeño monólogo que (a continuación podrán leer) interpreta el protagonista (Ismael Serrano), un monólogo que quizás incluya todas las carencias humanas del sistema laboral y de reclutamiento, con el cuál estoy (sin llegar a ninguna duda) totalmente de acuerdo y que creo tiene algo que ver con la situación que estoy viviendo y describí en los primeros párrafos; por esto lo quiero compartir con ustedes.

¿Cómo hacer un Curriculum?
(Wislawa.Szymborska)

¿Qué hay que hacer?
Escribir la solicitud y anexar el currículum,
sin importar lo largo de la vida el currículum ha de ser breve,
se rige en la consistencia y elegir bien los hechos,
cambiar paisajes por direcciones y recuerdos borrosos por fechas fijas.
De todos los amores sólo el del matrimonio y de los hijos,
nada más que los nacidos.

Importa más quién te conoce y no a quién has conocido,
de tantos viajes sólo los internacionales,
pertenecer a algo y no al por qué,
menciones honoríficas sin su razón,
escribe como si nunca hubieras hablado contigo
y pasarás de largo.

No hables de perros, gatos, pájaros, aromas,
los recuerdos, los amigos, los sueños;
más sobre el precios, menos sobre el valor,
mejor el título que el contenido,
mejor la talla de tus zapatos que a dónde llevan.

A quién te supones que eres, anexar una foto;
la oreja descubierta, lo que importa es su forma
y no lo que oye y ¿qué es lo que oye?
el estruendo de la trituradora que destruye expedientes...

Y sí, hay veces que también, cómo el protagonista de la película, quiero irme al Sur para empezar de nuevo.