jueves, 20 de septiembre de 2012

Escribir para vivir


"Por eso ahora estoy escribiendo. Soy de ese tipo de personas que no acaban de comprender las cosas hasta que las ponen por escrito." 
Haruki Murakami (村上 春樹)

Muchas veces, sobretodo cuando eres un ávido lector, de alguna u otra manera llega la necesidad de escribir, y no por el hecho de que uno quiera ser un escritor famoso, sino simplemente porque es algo que exige el alma, sí, aquella alma poética que todos los seres humanos poseemos y la cual muchos ni siquiera la conocen. Escribir para poder sacar todas aquellas frustraciones, sentimientos, miedos y emociones que se encierran dentro de nuestro ser y son, muchas veces, capaces de destrozarnos o reconstruirnos; cuando se escribe incluso uno puede llegar a perder la cabeza y recuperarla en segundos.

Escribir un texto para sentir que estamos vivos, que tenemos imaginación y para saber que aún sobrevive ése pedazo de alma que no ha sido tocado por la maldad del mundo actual, por la modernización, por la tecnología, por la simplicidad a la que se reduce la sociedad y que se rebela contra la rutina, aunque ésta se empeñe en destrozarlo.  Muchos textos nunca salen a la luz, pero que bien se siente escribirlos, saber que algún día, lejano o cercano, lo volveremos a leer de nuevo para saber por qué lo escribimos o, mejor aún, para entendernos en ése momento.

Escribir nunca está demás, muchas veces no se termina el texto, se deja a medias, se desespera, se borra, se cambia totalmente y, sin embargo, ahí sigue el sentimiento, presente en las palabras, en las líneas, en los párrafos… un pedazo de alma que ya no murió, un pedazo de humanidad que dejamos plasmada.

Escribir, entonces, para mantener viva el alma, para vivir y no perdernos en la rutina maldita que insiste en dejarnos grises, con los ojos blancos y sin una pizca de alma. 

Escribir para sentir que aún estamos vivos y somos humanos, nada más que eso.

Yola Reyes (Septiembre 2012)