domingo, 11 de noviembre de 2012

Caprichos literarios

"Los libros son pacientes cuando nos cuesta entenderlos, 
nos permiten repasar las partes difíciles tantas veces como queramos 
y nunca critican nuestros errores." 
Carl Sagan

Lo único que se escuchaba era el sonido de las hojas del libro que cambiaban cada cierto tiempo, su respiración iba acelerándose y tranquilizándose según el curso de las palabras que leían sus ojos, los sentimientos se mezclaban en todo su cuerpo; miedo, odio, amor, impotencia, todos iban y venían conforme el capricho de las letras.


Sus ojos no podían dejar de leer, su mente estaba ya divagando en aquel lugar, un lejano país donde ocurrían cosas extraordinarias. Podía sentir los nervios a flor de piel, la historia estaba en el punto más crítico y sus manos sujetaron con fuerza el libro, como si eso ayudara a que el personaje del libro saliera del problema en el que el autor lo había metido.

Dos horas llevaba con los ojos fijos en el libro, cambiando las páginas cuidadosamente, dejando que su mente se olvidara de la realidad y entrara a la caprichosa historia que le contaban las letras que algún autor ordeno a su gusto. Incluso la boca se le secó por la desesperación de saber que sería de aquellos hombres que atraparon cerca de las calles oscuras descritas en el libro.

Es un libro caprichoso, dijo una parte de ella aferrándose a la realidad por un instante. No podía dejar de leer, levantar la vista era imposible, necesitaba terminar aquel capítulo o si le era posible, pensó, terminar el libro.

Finalmente leyó la última palabra, el último signo de puntuación; el libro aún estaba abierto, los ojos fijos en la hoja como tratando de reconstruir lo leído, su corazón se tranquilizaba. Respiro hondo, cerró con mayor cuidado el libro, suspiro, sacudió su cabeza y se puso de pie.

-Vaya.-dijo mientras se acercaba a la ventana aún con el libro en mano.-Se ha hecho de noche tan rápido.-y cerró la cortina.-Y tú tan caprichoso como siempre.-habló a su libro al momento que lo guardaba en el librero.

Yola Reyes (Noviembre 2012)

jueves, 20 de septiembre de 2012

Escribir para vivir


"Por eso ahora estoy escribiendo. Soy de ese tipo de personas que no acaban de comprender las cosas hasta que las ponen por escrito." 
Haruki Murakami (村上 春樹)

Muchas veces, sobretodo cuando eres un ávido lector, de alguna u otra manera llega la necesidad de escribir, y no por el hecho de que uno quiera ser un escritor famoso, sino simplemente porque es algo que exige el alma, sí, aquella alma poética que todos los seres humanos poseemos y la cual muchos ni siquiera la conocen. Escribir para poder sacar todas aquellas frustraciones, sentimientos, miedos y emociones que se encierran dentro de nuestro ser y son, muchas veces, capaces de destrozarnos o reconstruirnos; cuando se escribe incluso uno puede llegar a perder la cabeza y recuperarla en segundos.

Escribir un texto para sentir que estamos vivos, que tenemos imaginación y para saber que aún sobrevive ése pedazo de alma que no ha sido tocado por la maldad del mundo actual, por la modernización, por la tecnología, por la simplicidad a la que se reduce la sociedad y que se rebela contra la rutina, aunque ésta se empeñe en destrozarlo.  Muchos textos nunca salen a la luz, pero que bien se siente escribirlos, saber que algún día, lejano o cercano, lo volveremos a leer de nuevo para saber por qué lo escribimos o, mejor aún, para entendernos en ése momento.

Escribir nunca está demás, muchas veces no se termina el texto, se deja a medias, se desespera, se borra, se cambia totalmente y, sin embargo, ahí sigue el sentimiento, presente en las palabras, en las líneas, en los párrafos… un pedazo de alma que ya no murió, un pedazo de humanidad que dejamos plasmada.

Escribir, entonces, para mantener viva el alma, para vivir y no perdernos en la rutina maldita que insiste en dejarnos grises, con los ojos blancos y sin una pizca de alma. 

Escribir para sentir que aún estamos vivos y somos humanos, nada más que eso.

Yola Reyes (Septiembre 2012)

miércoles, 22 de agosto de 2012

Horas extras


Es media mañana cuando me doy cuenta que apenas he avanzado un poco del trabajo, desde hace ya casi cuatro horas que llegue a sentarme frente a éste monitor plano, dejo de escribir un momento en el teclado, me tallo los ojos por debajo de los lentes y estiro los brazos para desentumirme. ¡Maldita silla incomoda! pienso mientras me vuelvo a acomodar y a fijar la vista en la pantalla, allí donde se refleja la hoja de cálculo o el reporte de texto, o un portal para exportar datos; según la hora, el orden de éstas tres cambia. Cinco o diez minutos han pasado desde que me reacomodé en la silla, con una mano en el mouse hago cambios en la pantalla y con la otra tecleo comandos que muchas veces parecen ya estar programados en mi, de vez en cuando reviso que la información sea la que corresponde. Veo el reloj de la computadora, ya medio día, el sol debe estar en su punto o estará nublado, no lo sé, aquí solo tengo vista a un largo pasillo que a ambos lados tiene… sí, más oficinas, ventanales enormes por los que alcanzo a ver personas, escritorios, ordenadores, papeles, archiveros, impresoras, copiadoras, una que otra cafetera o taza abandonada a  su suerte porque su dueño está, como yo, sumido en archivos electrónicos; y así pasa todos lo días, pasan las horas y continúo trabajando en esta rutina que parece que nunca va a terminar o si termina, lo hará una o dos horas después de la “hora oficial” de salida, siempre pasa lo mismo, pienso algo desesperado, alejando mis manos del teclado y buscando en el cajón del escritorio un dulce, un chocolate o algo que me haga despertar, azúcar, necesito azúcar, me digo abriendo una barra de chocolate y dándole la primera mordida; giro lentamente mi cabeza hacia los lados, mis compañeros, colegas y otros empleados están inclinados sobre sus computadoras, se escucha un sonido rítmico, el teclear de todos, pareciera que todos lo hacen al mismo tiempo, a la misma velocidad, de vez en cuando un estornudo, una queja, un suspiro o algo que interrumpe aquel sonido. Termino mi chocolate, guardo la envoltura entre las hojas de mi libreta, no sé por qué, ha sido una manía mía desde que tengo memoria. Una vez que me siento un poco más animado, vuelvo a mi trabajo, a capturar datos, a generar reportes, a tomar decisiones, a hacer llamadas, a mandar correos y tantas cosas que muchas veces ni siquiera pienso, algunas veces hago pausas para tomar agua o acomodarme los lentes que se me resbalan por la nariz. ¡Las tres de la tarde!, exclama alguien rompiendo el silencio y haciendo que todos salga como de un mundo distinto; es hora de la comida.

Hace ya dos horas regresamos de comer, fuimos al comedor, es cierre de semana, de mes, de año, no hay tiempo ni para ir por un café a la máquina que está en el pasillo, el trabajo debe estar listo, sigo sentado, en la misma posición que tenía antes de irme, mis manos teclean cada vez más rápido, y mis ojos tienen una coordinación casi perfecta con la pantalla al momento de revisar los datos. Suspiro, han pasado ya casi cuarenta minutos desde que debí salir, y el trabajo sigue sin terminar, nadie se ha movido o si quiera ha mencionado irse, todo están concentrados apurados por terminar su trabajo, terminar por hoy ésta rutina. Aún faltan un par de reportes, y acelero la velocidad, intento que incluso la computadora sea más rápida, no quiero perderme el ocaso, quiero ver al menos unos minutos el sol, ése astro que cuando me levanto aún sigue oculto.


Yola Reyes (Agosto 2012)

miércoles, 18 de julio de 2012

Los demonios de Carl Sagan


 –breve opinión:“El mundo y sus demonios” de Carl Sagan-

Era un día de tormenta en el otoño de 1939, así inicia uno de los libros que, para mi, han sido de los más importantes del siglo XX desde el punto de vista de la divulgación científica.

Hoy es un día nublado del verano de 2012, un día excelente para escribirle unas palabras de agradecimiento a uno de los divulgadores de ciencia más grandes que ha tenido el mundo, y una de las personas más preocupadas por el alfabetismo científico. Tenemos a nuestro alcance un libro con gran contenido humano y científico, que invita a lector a pensar sobre los hechos más reconocidos y olvidados de la ciencia, y de cómo algunos incluso pueden ser engañosos.

La manera en la que aborda los temas religiosos, místicos y extranormales es exquisita, y es que no los niega rotundamente sino más bien, los deja en tela de duda, en ese pasaje en el que el lector es responsable de su propia conclusión. Refleja de manera explícita uno de los mayores deseos de Sagan, la ciencia como un bien común, la ciencia como una prioridad y un derecho universal.

“Siempre que afloran los prejuicios étnicos o nacionales, en tiempo de escasez, cuando sufrimos  por nuestro insignificante papel cósmico o cuando hierve el fanatismo a nuestro alrededor, los hábitos del pensamiento familiares de épocas antiguas toman el control.
La llama de la vela parpadea. Tiembla su pequeña fuente de luz. Aumenta la oscuridad. Los demonios empiezan a agitarse.” Escribe en uno de los primeros capítulos, refiriéndose al comportamiento actual de la sociedad que se deja llevar por sus propios prejuicios, sin siquiera detenerse a pensar el por qué o el cómo de la situación, es algo tan común que muchas veces dejamos que las cosas pasen de largo y nos sumergimos, sin darnos cuenta, en la oscuridad de la mediocridad, perdemos el sentido del asombro y la curiosidad, somos conducidos por creencias que muchas veces nos dejan incapaces de entender el cosmos por completo e imposibilitamos nuestra mente de una manera en la que únicamente vemos pasar la vida como simples elementos de un sistema sin entender cómo funciona éste.

Durante todo el libro, Sagan aborda con sutileza y objetividad la carencia del pensamiento científico en la nueva sociedad, la falta de interés en la cultura y la ciencia, y de cómo nos estamos dejando llevar por creencias y mitos que muchas veces no tienen una base sólida, y no es qué Sagan nos motive a cambiar nuestras creencias religiosas o paganas, simplemente nos muestra que más allá de las creencias y de lo “maravilloso” que pueden ser, existe un mundo REAL y TANGIBLE que puede sorprendernos y llenarnos de conocimiento con bases sólidas, del cual podemos dudar libremente sin caer en resentimientos religiosos o morales.  Critica muy abiertamente las llamadas pseudociencias con argumentos tan simples y válidos, basándose en el principio de la navaja de Occam y dándonos el beneficio de la duda.

Como cualquier divulgador científico, Sagan, se centra en el escepticismo, no ése que minimiza a las personas que piensan de manera diferente, sino ése que nos invita a pensar de manera más objetiva nuestra realidad, ése que te contagia la curiosidad de querer saber el qué, cómo, por qué, de los sucesos naturales y sociales: “En la manera en que se aplica a veces el escepticismo a temas de interés público hay una tendencia a minimizar (…)”, de está manera deja en claro que el escepticismo debe ser incluyente sin “minimizar” a las personas por su creencias, sino más bien a invitarlas a tener un pensamiento crítico ante la vida.

Otro punto importante, para mi, que aborda Sagan en su libro es la educación científica y el interés de la sociedad en aprender, ése que se ha perdido hace ya mucho tiempo. ¿Cómo podemos explicarnos que hoy en día se admira al “más patan” de la escuela y se descalifiqué a los que tienen interés por la ciencia o alguna disciplina? Cosas tan actuales que aún no llegan a preocuparnos demasiado, son el tipo de sucesos que llevan a una comunidad a la ignorancia. Es importante resaltar que la preocupación por una educación científica debe tomarse en cuenta, y como el mismo Sagan dice, no hay que privar de ese derecho humano a los niños, que, llenos de preguntas curiosas o mal formuladas a muchos adultos llegan a sacarlos de sus casillas provocando en el niño un cierto temor a volver a preguntar y mutilando su curiosidad. “Cuando, por indiferencia, falta de atención, incompetencia o temor al escepticismo, alejamos a los niños de la ciencia, le estamos privando de un derecho, lo despojamos de las herramientas necesarias para manejar su futuro.” Concluye Sagan.


Por último no me queda más que decir que, El mundo y sus demonios, es el libro personal de Carl Sagan, el libro donde conocemos cuales son sus preocupaciones por una sociedad cada vez más sumergida en la ignorancia, esos son sus demonios, los demonios del mundo, los que, como nos invita Sagan, debemos combatir conocimiento, con ciencia y con cultura.

"Nuestra especie necesita, y merece, una ciudadanía con la mente despierta y abierta y una comprensión básica de cómo funciona el mundo." Carl Sagan

-Así se siente ésta lectura-

"A Tonio, mi nieto: Te deseo un mundo libre de demonios y lleno de luz." 
-dedicatoria de Carl Sagan en el libro El mundo y sus demonios.

Yola Reyes (Julio 18 de 2012)

domingo, 8 de julio de 2012

De marchas y democracia.




"Escribir es parte de la labor revolucionaria." Felipe Ángeles.

Después de aquel 11 de Mayo de 2012 México no volvió a ser el mismo, cambió, sino de manera radical lo hizo de manera espontanea, sin ninguna motivación económica, impulsado por aquellos jóvenes la Universidad Iberoamericana rompiendo el esquema que muchos teníamos del joven que estudia en la universidad privada.

Una pequeña manifestación que logró que un candidato se escondiera en el baño y que contagió la conciencia política en el resto de la juventud, un movimiento estudiantil y ciudadano llamado #YoSoy132, un levantamiento de voz que hacía años no se veía en México. Lejano ya es el día de la primera marcha, fue un día histórico, un día en el que la comunidad estudiantil empezó a contagiar el entusiasmo a la ciudadanía para participar activamente en la política. Opiniones hubo muchas, buenas y malas, algunas diciendo que estos jóvenes y ciudadanos estaban bajo el mando de un candidato o una corriente política, sin embargo el movimiento, los estudiantes y los ciudadanos comenzaron a exigir dejando de lado las opiniones de los medios masivos de comunicación, desde ese día México cambió.

En México no existía gran participación ciudadana, la democracia, hasta hace años, se trataba de ir a las urnas a votar por “el menos peor” o “el más mejor”; hoy ya no es así, hoy la ciudadanía entendió que la participación democrática es también levantar la voz, participar activamente en tareas políticas, llevar la información a los que no tienen medios de llegar a ella y exigir una democracia, sino auténtica, lo más cercano a ésta palabra.

Hoy, una semana después de las elecciones “limpias” vemos un México que ha tomado las calles de manera pacífica para exigir un cambio en el sistema democrático, para demostrar cuan atento estuvo en la jornada electoral logrando recoger las anomalías que no han sido escuchadas; haciéndose notar en el mundo, atrayendo la atención de medios extranjeros de comunicación.

Es indudable que ahora México no se quedará callado después de los resultados electorales, quede quién quede, a pesar del resultado, el cambio se ha dado, no aquel “que empieza por uno mismo” porque ése es responsabilidad de cada quién, sino el cambio que empieza con la participación democrática para hacer cumplir a los políticos sus funciones y para hacerse notar en el escenario político.

Orgullosamente puedo decir que México ha dado vuelta a la página donde el pueblo se limitaba a sobrevivir, ahora el pueblo vive y alza la voz, ahora la juventud es más dinámica y democrática. Posiblemente los cambios democráticos los alcancemos no de manera inmediata pero estamos siendo un pilar para llegar a ellos.

Hoy México cambió, hoy los mexicanos empezamos entender lo que significa la democracia. 

Yola Reyes (Julio 08 2012)

domingo, 24 de junio de 2012

Daisuke Jigen desde mi prespectiva.



Algunas comentarios personales que tengo sobre éste personaje, uno de mis favoritos. 

Daisuke Jigen, es el maestro pistolero de la banda de Lupin III.


Cabe aclarar que he seguido las tres temporadas de la serie de Lupin III (chaqueta verde, chaqueta roja y chaqueta rosa) y las casi 30 películas de éste animé.


-se aceptan comentarios- 

Comparaciones (personales). 

Me recuerda a menudo a mi: callado, cerebral, algo desconfiado con quién no conoce, y de buen humor. No sabe como expresarse pero, siempre es un elemento importante en el grupo, alguien que está atado a la realidad, sin embargo, no se deja llevar por ella. Conoce sus límites y vive con ellos, conoce sus tristezas y vive con ellas.

Sobre su personalidad y el amor.

A veces pienso que Daisuke Jigen es mejor persona de lo que aparenta, siempre con ése gesto frio y de desconfianza ante los demás, su desconfianza se debe a que muchas veces ha sido defraudado por viejos conocidos, mujeres y supuestos amigos en los que depositó toda su confianza; salvo por Lupin III y Goemon, Jigen jamás se muestra como verdaderamente es. En cuanto al amor, es alguien que se limita a amar, a sentir, a querer con miedo a expresarlo, muchas veces quedándose con su sentimiento, incluso sacrifica su felicidad por la de la persona amada. 


 Igual que aquel licántropo*, tuviste un miedo terrible a la felicidad y después al rechazo, te ha costado bastante reponerte de esto, te costo lágrimas, amarguras, felicidad, tristezas y uno que otro enemigo pero, después de todo a lo largo de tu vida lograste darte cuenta de que ser feliz no es tan malo y que tus malas/estúpidas decisiones forman parte de tí, de tu personalidad y de tu historia, una historia que no es la mejor pero, a mi, es la qué más me gusta, imperfecta igual que todo lo que hay en el mundo.


*Remus J. Lupin.


Yola Reyes. (Abril/Mayo 2012)

domingo, 13 de mayo de 2012

Sir Paul McCartney, Zócalo, Mayo 10 2012


Y todo comenzó una noche cualquiera del mes de Abril mientras navegaba en internet, entre el Facebook y el Twitter, leyendo las noticias y publicaciones, cuando de pronto, una noticia increíble, en el TL de Reactor FM decía claramente “Concierto de Sir Paul McCartney en el Zócalo, Jueves 10 de Mayo, Gratis”, en ése instante, he de confesarlo, grité de emoción, pues, en mi vida imaginé que Sir Paul McCartney ofreciera un espectáculo gratis en la plancha del Zócalo, y sólo de imaginar lo que el sería aquel día, aquel lejano 10 de Mayo; bien lo dicen, los conciertos en el Zócalo son inolvidables.

Pasaron los días y las noches, y ya era 9 de Mayo, faltaba sólo una noche, entonces empezaron a escucharse las noticias “no dejarán acampar en el Zócalo”, “Fanáticos del ex – Beatle formados desde el Miércoles en las calles aledañas…”, entre otras; amigos empezaron a escribir “¿Vas a ir?”, “¿A qué hora nos vemos?”, “¿Cómo le hacemos para regresarnos” y similares. Una noche antes del concierto tan esperado de Sir Paul McCartney todos estábamos eufóricos y emocionados.

El Jueves 10 de Mayo, cómo todos los días me levante cerca de las ocho de la mañana, desayuné y me arreglé, vi la hora, las diez en punto. Con una gran emoción y nervios (porqué no decirlo) me dirigí a la terminal de autobuses foráneos de Toluca y abordé la corrida que iba para la terminal poniente (Observatorio) de la gloriosa Ciudad de México, tenía los nervios a flor del piel, sentía el tiempo encima de mi, pensando en qué la plancha del Zócalo  se encontraba llena a su totalidad, en qué no alcanzaría un lugar para tan singular espectáculo. Una vez que entré al metro decidí no irme por la ruta tradicional, esto es, transbordar en Pino Suárez, y mejor irme por la línea verde y bajarme en San Juan de Letrán a un lado de la Torre Latinoamericana, una vez en el Eje esquina con la calle (famosa) de Madero busqué un acceso para la entrada al primer cuadro de la ciudad, debido a qué algunas calles ya estaban cercadas, un par de policías me indicaron que el acceso era hasta la calle 20 de Noviembre, así que en Carranza y 20 de Noviembre por fin pude entrar a las inmediaciones del Zócalo capitalino.
 
Un sol tremendo reinaba en la ciudad de México, eran ya las doce del día, yo había llegado ya a la plancha del Zócalo, dónde comprobé qué aún no estaba llena a su totalidad (apenas estaba llena una cuarta parte), por un rato me quede parada frente en el Zócalo enviando mensajes a los amigos y primos para que se apresurarán en llegar a la Plaza de la Constitución. Y pasaron una, dos horas, llegó mi amiga Susiq y decidimos ir por provisiones a la cadena de comida rápida más socorrida en estos casos: McDonal’s; una llamada de mi hermana nos avisó que apresuráramos el paso hacía la explanada central de la Ciudad de México, corrimos como pudimos hasta encontrar a los demás qué ya habían “apartado” lugar cerca del asta bandera, dónde se alcanzaba a ver con claridad el escenario, y pasaron las horas, más tiempo, entre qué dormimos, comimos, jugamos, platicamos y llegaron más personas, poco a poco se fue llenando la plancha del Zócalo capitalino, por fin llegaron casi todos los que esperábamos (sólo faltaron dos, qué por cierto encontraron lugar en la calle 20 de Noviembre), y empezó la lluvia, una lluvia que no asustó a nadie, de nuevo pasaron las horas, llegó un momento en el que sólo uno podía ver a la gente recostada o sentada en la explanada, un ambiente realmente feliz, de emoción, de alegría y de nostalgia, personas cantando canciones de The Beatles o charlando de cualquier cosa.

Las siete en punto, todos nos pusimos de pie automáticamente, cómo si a ésa hora decidiéramos dejar atrás el cansancio y fastidio de la espera; un montón de chiflidos y mentadas de madre se empezaron a escuchar, fue cuando volví la vista al hotel que está de lado de la calle de Madero y vi colgada en un balcón una manta que era realmente nefasta, aquella manta de EPN que televisa no mencionó, a una voz el Zócalo gritaba “FUERA, FUERA, FUERA”, la manta fue guardada y todos aplaudimos (cabe aclarar que las 200mil personas fueron por voluntad propia y no fueron acarreados), volvimos a esperar, otra hora más, dieron las ocho de la noche y un DJ (desconozco su nombre) dio un poco de ambiente con una mezcla de The Beatles, pero aún la gente seguía algo “quieta” pues esperábamos el momento culminante, ver a Sir Paul McCartney sobre el escenario.

Veía el reloj con ansiedad, emoción y desesperación, veinte minutos, quince, diez y cinco, entonces los acordes de “Hello Goodbye” se escucharon y un grito eufórico inundo el centro histórico, Sir Paul agradecido saludó en español tras algunas canciones. Realmente el ex – beatle reinó sobre el escenario, con aproximadamente 200mil espectadores que cantábamos cada una de las canciones, desde “All my loving” hasta “Yesterday”, una emoción tremenda se sentía en el Zócalo, yo dejé derramar algunas lágrimas, en mi vida había imaginado, si quiera pensado que podía tener la oportunidad de verlo en vivo, de escuchar las canciones con las que prácticamente crecí, debo decir que lo que sentí durante las tres horas del concierto es algo indescriptible, algo que no puedo decirlo así de simple, cuándo el señor McCartney cantó “And I love her” a mi mente vinieron muchos recuerdos debido a qué aquella fue la primera canción que escuché de The Beatles.

Sir Paul hablaba en español, en inglés y era ovacionado, todos contestábamos con aplausos, gritos eufóricos y porras que iban desde el  ya conocido “Oe Oe Oe Oe Oe Sir Paul, Sir Paul” hasta los gritos de “Paul, Paul, Paul, Paul”. Escuché las primeras notas de “Back in the USSR” y brinqué como loca, me emocioné, grité y demás, una de mis canciones favoritas, lloré de emoción (literalmente) cuando se cantó “Hey Jude”, “A day in the life” y con “Let it be”, el zócalo cimbró cuando Sir Paul McCartney interpretó “Get Back”, “Helter Skelter”, tras un gritó “Viva México Cabrones” encendió al público y fue ovacionado por enésima vez, después de un “Son a toda madre chilangous” de nuevo gritamos emocionados ante un Sir Paul contento, feliz y que se entregó al público de manera fantástica. Y el concierto, el famoso concierto gratuito de Sir Paul McCartney en el Zócalo transcurrió entre risas, lágrimas, gritos, aplausos y porras de las cuales hasta él mismo ex –beatle improvisó con su guitarra, los mariachis le dieron un toque de mexicanidad cuando cantó “Obladi Oblada”, las manos levantadas y encendedores prendidos se podían ver en el momento en que se escuchaba “Give peace a chance”. Y cómo olvidar la pirotecnia en “Live and let die”, y las canciones clásicas como “Yesterday”, coreada por 200mil personas, “Day tripper” que nos puso a brincar a muchos.

Realmente ha sido un concierto único, único en la historia de mi vida y de muchos, único en la historia del Zócalo, único en la historia de México pues, solo un músico de la talla de Sir Paul McCartney puede lograr que 200mil personas se unan a una sola voz y se entreguen de esa manera ante un cantante que es una leyenda viva, un beatle, un gran músico y compositor. El final, un final espectacular, basta con decir eso.

A tres días del concierto de Sir Paul McCartney en el Zócalo, sigo emocionada, ahora escuchó las canciones de The Beatles y un sentimiento me inunda, una sensación imposible de describir, y me alegra, me emociona saber que tuve la oportunidad de ver a un beatle vivo, escuchar las canciones de The Beatles en vivo, cantadas por uno de ellos, cantadas por miles de personas de diferentes generaciones, basta decir qué ha sido uno de los mejores (el mejor) conciertos de mi vida, qué no es fácil olvidar el “na, na, na, na, na ,na” de Hey Jude, aún suenan en mi cabeza. Sólo me basta con decir qué fue una noche mágica, una noche llena de música, rock y emoción, de ésas que son irrepetibles. En verdad, gracias Sir Paul McCartney, gracias por ser quién es.